DISCURSO DEL RECTOR ACTO DE APERTURA DEL CURSO ACADÉMICO 2001-2002

Discurso de apertura de curso 2001-2002.

EXCMA, SRA. PRESIDENTA DE LAS CORTES VALENCIANAS.

ILMO. SR. DIRECTOR GENERAL DE UNIVERSIDADES.

EXCMO.SR. RECTOR MAGNÍFICO DE LA UNIVERSIDAD DE MURCIA.

EXCMO.SR. RECTOR MAGNÍFICO DE LA UNIVERSIDAD “Jaume I” DE CASTELLÓN.

EXCMO.SR. RECTOR MAGNÍFICO DE LA UNIVERSIDAD “Cardenal Herrera” DE VALENCIA.

EXCMO. SR. PRESIDENTE DEL CONSEJO ECONÓMICO.

EXCMAS. E ILMAS. AUTORIDADES

COMPAÑEROS DEL CLAUSTRO DE PROFESORES Y DEL

PERSONAL DE ADMINISTRACIÓN Y SERVICIOS.

ALUMNAS Y ALUMNOS

SEÑORAS Y SEÑORES

Ante todo, gracias por estar aquí, acompañándonos en el acto de apertura de curso en nuestra Universidad.

Antes de comenzar, permítanme expresar nuestro absoluto rechazo ante los actos terroristas del pasado día once de noviembre y nuestro sentimiento de dolor por la muerte y los terribles sufrimientos que han provocado. Debemos rogar para que quienes tienen hoy la responsabilidad histórica de decidir sobre el destino de los seres humanos sepan evitar que la enorme tragedia del pueblo americano sea el origen de algo mucho peor; y para que su conducta se guíe por la justicia y no por la lógica ciega del odio y la violencia; y para que de esta tragedia nazca una nueva oportunidad de conseguir el entendimiento de todas las naciones.

Como decía Einstein ya en 1948, “El actual estado de cosas no tiene parangón en el pasado. En consecuencia, es ineficaz emplear métodos y medidas que, anteriormente, hubieran bastado. Debemos revolucionar nuestros pensamientos, revolucionar nuestros actos y tener el coraje de revolucionar las relaciones entre los países del mundo.” Ojalá que así sea.

El día 27 de diciembre del año 2001 habrán pasado cinco años desde la publicación de la ley de creación de la universidad Miguel Hernández de Elche. Por eso, este año académico, que hoy se inicia, marca un hito en la historia de nuestra Universidad. Cumpliremos nuestro primer lustro. Se completará nuestra etapa de creación, y deberá iniciarse el proceso de sustitución de las estructuras de gobierno y de gestión establecidas por nuestra “normativa singular”, por las estructuras definitivas que han de regirnos en nuestro futuro.

Acepté la abrumadora responsabilidad de ejecutar el proyecto de una segunda universidad pública en la provincia de Alicante a sabiendas de que significaba una profunda implicación personal y un tremendo esfuerzo, no sólo mío, sino de otras muchas personas, que deberíamos trabajar en equipo solidariamente para alcanzar unos objetivos, que de otro modo serían imposibles. Ese trabajo discreto y cotidiano, no se aprecia  siempre en su justa medida. Muchas veces sólo se le reconoce al que ocupa un cargo de mayor transcendencia pública. Pero no es así, detrás de cada uno de nuestros logros está el trabajo de muchas otras personas que sirven de punto de apoyo y de palanca. Por ello, debo y quiero comenzar expresándoles a todas ellas nuestro agradecimiento más sincero, el mío y el de todo el equipo de gobierno de la universidad, por su contribución constante, por creer en nosotros, y con nosotros, en este proyecto, y porque día a día han ido poniendo las piedras de este gran edificio de nuestra Universidad. Los frutos conseguidos son y serán de todos.

La decisión de nuestro gobierno autónomo de crear una nueva universidad, haciendo realidad una idea que, si bien había sido contemplada en la etapa anterior, nunca adquirió visos de realidad, esa decisión de crear una universidad con su sede central en Elche, y articulada en cuatro campus de norte a sur de la provincia, se ha demostrado plenamente acertada. Los hechos han respaldado los fundamentos de esa decisión.

Además, a lo largo de su desarrollo, durante estos años, otros factores externos han estado presentes: Primero, la creación de otras universidades en nuestro entorno; segundo, la disminución constante del número de estudiantes que se incorporan a la universidad, no sólo por la disminución cuantitativa de las cohortes, sino por el ofrecimiento de otros caminos que para su incorporación al mundo laboral se les ofrecen antes o en paralelo a los estudios universitarios; tercero, la sucesiva aprobación de las diferentes titulaciones que se nos han ido concediendo, y también las que se han concedido a otras universidades, con diferente grado de ajuste a lo que se contemplaba en nuestro proyecto.

A pesar de la incidencia negativa de algunos de estos factores, que han condicionado obviamente el desarrollo del proyecto, nuestros objetivos se han cumplido tanto cuantitativa como cualitativamente, en un porcentaje muy elevado.

Junto a todos estos factores hay otros que nos afectarán en un futuro próximo. Entre ellos, la nueva ley de universidades, la nueva ley de consejos sociales, las nuevas formas de financiación de educación superior, las relaciones emergentes entre la educación superior y el mercado laboral, la aparición de nuevos productos educativos, la preocupación creciente por la gestión y evaluación de la calidad de las universidades, los cambios en las demandas sociales en educación superior, la movilidad de los estudiantes con la aparición del distrito único, la revolución de las tecnologías de la información; la internacionalización de los ámbitos de investigación, y un conjunto más amplio de elementos que marcarán el nuevo entorno en el que vivirá la universidad del siglo XXI.

De todos ellos, el que más atención recibe en estos días es la nueva Ley de Universidades. Imagino que conocen ustedes la posición de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas. Para la Conferencia de Rectores, el proyecto de Ley configura un modelo que afectaría gravemente a la capacidad de nuestras universidades para adaptarse a un contexto y demandas cambiantes y para garantizar la calidad del servicio público de la educación superior. Al mismo tiempo pide que se reflexione sobre su contenido adoptando actitudes abiertas y flexibles, que permitan alcanzar el deseable consenso que requiere una nueva Ley de Universidades. Como todo proyecto que afecte a las universidades, el de la nueva Ley incorpora elementos positivos, otros mejorables, y otros negativos y discutibles. Sería muy difícil poner nos a todos de acuerdo. . El día en que todos los hombres pensemos igual y actuemos igual, dejaremos de ser hombres. Por eso debemos esperar que el trámite parlamentario recoja todas las críticas constructivas, y todas las aportaciones, y consiga el necesario acuerdo de todos, en la máxima media que sea posible, para que la nueva Ley sea el marco que permita a la Universidad responder con acierto y coherencia a los desafíos de este naciente siglo XXI.

Por otro lado, la estrecha comunicación recíproca entre la sociedad y la universidad, es, sin duda, esencial para la universidad pública del siglo XXI, y en torno a la materialización de este diálogo existe hoy un complejo y enriquecedor debate, que es el de la Ley de Consejos Sociales. De nuevo, en este tema, no conseguiremos mucho si entramos en la espiral de las descalificaciones mutuas. Deberemos hablar y negociar incansablemente, conscientes de que el final de la negociación no debe ser una calle de un único sentido, sino que, muy al contrario, ha de ser siempre una avenida de doble dirección. Y hay que subrayar y reconocer que ese está siendo el talante de nuestro gobierno autónomo. Porque todos estamos de acuerdo en el objetivo de conseguir mejores universidades cada día, tendremos que encontrar soluciones imaginativas que respeten y recojan las legítimas aspiraciones de cada uno de los actores implicados. Es lo que la comunidad espera de todos nosotros.

El principal de los factores internos en nuestro desarrollo ha sido la existencia de un Proyecto de Creación de la Universidad, que ha funcionado durante estos cinco años como un Plan Estratégico de la Universidad. La gestión de ese proyecto ha descansado en unas ideas muy básicas:

Primera, la respuesta pertinente y ajustada a las demandas de la comunidad y la sociedad, y para ello, pretendemos, formar jóvenes profesionalmente preparados, con actitudes profundamente democráticas, con mentalidad abierta y libre, con capacidad para el diálogo y la crítica constructiva; practicar y fomentar la investigación científica, auténtico motor de la enseñanza, del desarrollo tecnológico, industrial, y económico; y estimular la investigación y la creación artísticas, materialización de la propia esencia humana.

Segunda, el diálogo constante con la administración pública y con los otros agentes sociales.

Tercera, el desarrollo de un modelo de gestión que permita adecuar nuestros recursos, tanto materiales como humanos, a nuestras necesidades reales, y una autoexigente política de calidad en todas y cada una de nuestras actuaciones.

Sobre esa base hemos perseguido el cumplimiento de los objetivos específicos del proyecto:

La Universidad Miguel Hernández ofreció el curso pasado 28 titulaciones oficiales, y éste impartiremos 31 titulaciones oficiales (12 de sólo primer ciclo, 11 de primer y segundo ciclo, 8 de sólo segundo ciclo). Además, nuestra Universidad imparte 20 programas de doctorado; 25 títulos propios de especialización (15 Diplomas de Master, 8 de especialista, 1 de experto, y 2 Diplomas Universitarios de Especialización Profesional), y 40 cursos de perfeccionamiento, que permiten ampliar a nuestros estudiantes ajustar su curriculum de a las necesidades particulares de cada situación laboral, y a los ya graduados mejorarlo para progresar profesionalmente o, si fuera necesario, cambiar de profesión.

Finalmente, pero no con menor importancia, nuestra Universidad de la Experiencia ofrece, en todos nuestros campus, la oportunidad de que los mayores puedan incorporarse a enseñanzas universitarias que en su día no quisieron o no pudieron seguir.

Los objetivos establecidos en el proyecto respecto a la implantación de titulaciones han sido ampliamente cubiertos.

Todos esos cursos fueron seguidos por 10.460 estudiantes durante el curso pasado, ajustándonos al número previsto en el proyecto.

Pero no se ha tratado sólo de alcanzar un número. Desde nuestros comienzos, hemos hecho un esfuerzo realmente importante por acercar a nuestros profesores y estudiantes a la realidad del mundo empresarial cercano.

Los resultados de nuestro esfuerzo son, en mi opinión, más que alentadores. 3.000 estudiantes se inscribieron en el programa de prácticas en empresa, y hace unos días hemos firmado el convenio 1.000 para prácticas en empresa (un incremento del 53% sobre el curso pasado.) La Universidad Miguel Hernández es la segunda universidad de toda España en porcentaje de estudiantes matriculados que realizan prácticas en empresas (último informe sobre la actividad académica, productiva y financiera de las universidades españolas de la CRUE) y este número representa 4.8 veces la media nacional. Además, nuestra experiencia parece satisfactoria para ambas partes. Un 96% de los estudiantes que participaron en el programa de prácticas en empresas se mostraron satisfechos con el mismo. Por su parte, las empresas mostraron su satisfacción con el 99% de los estudiantes que acogieron, y de hecho, el 55% de los estudiantes que participaron en el programa recibió de la propia empresa una oferta de trabajo o una oferta para ampliar su período de prácticas en la misma. Como ustedes saben, estos resultados, y la calidad con que ese servicio se ofrece, han hecho merecedor al Observatorio Ocupacional de la Universidad Miguel Hernández de múltiples distinciones, otorgadas por diferentes instituciones tras escrupulosos procesos de evaluación externa, que han prestigiado el nombre de la Universidad, y el de todos los que trabajamos en ella, y han posibilitado que nuestra Universidad haya recibido el premio del Club de Gestión de la Calidad de España por las mejores prácticas, y el Premio Eficacia 2000 del Círculo de Economía. Además, recientemente, el Observatorio Ocupacional ha conseguido la certificación de calidad por la nueva norma ISO 9001: 2000, consiguiendo que seamos nuevamente la primera universidad española que la obtiene. Mis felicitaciones y mi agradecimiento de nuevo, porque sus éxitos son, nunca mejor dicho, los éxitos de todos nosotros.

Tal vez éstas sean algunas de las razones que permitan explicar por qué, según las últimas estadísticas de la enseñanza superior en España, del Instituto Nacional de Estadística, durante los dos últimos cursos académicos, la UMH haya sido la primera universidad pública de la comunidad valenciana en crecimiento de alumnado matriculado en primer y segundo ciclo, y la segunda y la tercera de todo el país, en los cursos 98-99 y 99-00 respectivamente. O por qué, según los últimos datos publicados en el mismo informe de la CRUE que ya he citado con anterioridad, (referidos al curso 98-99), seamos la segunda Universidad pública de España con menor porcentaje de abandonos entre nuestro alumnos matriculados.

En el campo de la investigación y desarrollo, la consecución de los objetivos durante estos últimos cuatro cursos ha sido igualmente alentadora y estimulantes.

El número de proyectos en el ámbito de la I+D competitiva, con fondos regionales/nacionales, ha pasado de 54 en el 1997 a casi 200 en el curso 00-01. El importe concedido a nuestra Universidad por actividades de I+D competitiva se ha mantenido en un valor cercano a los 400 millones de ptas., pese al descenso en el número de convocatorias en el Plan Nacional de I+D+I. Algo semejante ha ocurrido con los proyectos financiados con fondos europeos o internacionales. Como muestra, hemos captado un 35,3% de fondos más durante el curso 00-01, que durante el curso anterior, consiguiendo 1.600 M de ptas. para el 01-02. Hemos cuadruplicado los ingresos por proyectos de investigación que teníamos en nuestro primer curso.

En la investigación desarrollada mediante contrato con empresas o administraciones públicas, hemos multiplicado por más de ocho los ingresos que obtenidos, pasando de 31 M de ptas., en nuestro primer curso 97-98, a más de 250 M de ptas. en el curso 00-01.

De igual manera, de nuestros 33 becarios de investigación en el primer año hemos pasado a 138.

Además, en la reciente convocatoria del Programa Ramón y Cajal, cuyo propósito es fortalecer la capacidad investigadora de los grupos de investigación, mediante la incorporación de investigadores doctores, la UMH ha obtenido 11 plazas de las 28 ofertadas, lo que supone un 39%, tasa superior a la media de la Comunidad Valenciana, que ha sido del 31 %.

Para conseguir esos resultados, y prestar los servicios correspondientes, hemos pasado de los 400 profesores de nuestro primer curso a los 660 con que hoy cuenta la Universidad, y de los 120 miembros iniciales del Personal de Administración y Servicios a los 240 actuales.

Tanto en el caso del profesorado como en el del Personal de Administración, esta Universidad ha hecho durante el curso pasado, y seguirá haciendo, todos los esfuerzos posibles por conseguir los máximos niveles en su consolidación y promoción, estableciendo los programas y convocatorias correspondientes.

Toda la impresionante labor realizada tiene igualmente su manifestación en las infraestructuras y recursos con que se ha ido dotando nuestra Universidad. A lo largo de estos años, hemos ido construyendo edificios y desarrollando progresivamente muchas instalaciones, que han tenido y tendrán gran impacto urbanístico sobre las poblaciones en las que se asientan. Hemos conseguido desarrollar equilibradamente nuestras instalaciones procurando integrarlas con el paisaje urbano propio de cada zona, conjugando la utilidad con la estética.

Junto al esfuerzo en construcción de infraestructuras y en la dotación de equipamiento y dotación, durante estos años se ha realizado un tremendo esfuerzo normativo, que ha permitido poner en marcha y desarrollar todas unidades administrativas, y los correspondientes procesos de gestión y servicios. Hay que destacar la consecución de programas de racionalización de la dotación de plazas de profesorado y de la promoción del mismo, y de racionalización del sistema de ordenación docente, además de la puesta en marcha del Sistema Experto Docente.

Y todo ello se ha hecho, desde el primer día con la mirada puesta en el logro y mantenimiento de la calidad. Para ello se creó el servicio de Gestión y Control de la Calidad, y la constitución de todos los órganos responsables de la calidad. La UMH es una de las 12 universidades que cuenta Comité de Calidad, y Comisiones de Calidad en cada uno de los sectores: Docencia, Investigación y Servicios; una de las 14 que publica su Plan de Mejora Anual; y una de las 12 que realiza sistemáticamente encuestas sobre la calidad percibida de los servicios a todos los colectivos. Somos, además, la única Universidad española que tiene un Consejo de Calidad, que incluye vocales de reconocido prestigio procedentes del mundo profesional o empresarial con la misión de impulsar procesos de mejora dentro de nuestra institución, y de vigilar la gestión de la calidad. Así mismo, hemos, puesto en marcha el Plan Estratégico de Calidad, con participación de toda la comunidad universitaria, que ha permitido que los resultados de la primera aplicación de la financiación por objetivos del Plan Plurianual de Financiación del Sistema Universitario Valenciano fueran sensiblemente superiores a los estimados inicialmente.

Y todo ello se ha hecho con la mayor economía posible de los recursos que se han puesto a nuestra disposición, y que nunca han sido ni absoluta ni porcentualmente mayores que los proporcionados a las otras universidades del sistema, en el mismo período; y consiguiendo, además, una de las exigencias que nuestra Consellería nos marcó, la de la convergencia con Plan de Financiación de las Universidades.

El último trimestre del año servirá para ultimar temas pendientes de solución, para cerrar el proceso de creación y dejen dispuesto el proceso constituyente.

Debemos sentirnos satisfechos. Hemos hecho mucho, y, honestamente creo que hemos respondido a la tarea que nuestras Cortes nos encomendaron. Seguramente habremos cometido errores, pero el único que acierta siempre es el que nunca hace, y en eso precisamente se equivoca. Esperamos que lo posibles errores cometidos no arrojen ninguna sombra sobre la magnitud de lo conseguido. Y, evidentemente, aún nos queda mucho que hacer para conseguir la Universidad que deseamos. Todavía no podemos quitar el cartel de “Universidad en construcción: perdonen las molestias”, esas molestias que todos los miembros de nuestra comunidad han asumido y soportado con tranquila resignación y alegre paciencia. Nuestros estudiantes, que han  soportado solidariamente las incomodidades propias de estas circunstancias, pero también nos han hecho ver que, en ocasiones, era más necesario de lo que imaginábamos modificar circunstancias puntuales, que se podían corregir. Debo expresarles mi agradecimiento, porque han sabido plantear y defender sus propuestas en un marco de deseo permanente de hablar para encontrar soluciones, y porque han sabido entender y, a veces, compartir, las múltiples dificultades con que nos hemos ido encontrando. También nuestros profesores han hecho sus mejores esfuerzos, en condiciones a veces de precariedad, para generar una enseñanza y una investigación que no tiene nada que envidiar a las de otras universidades ya consolidadas desde hace mucho, por no decir mejores. Finalmente, el Personal de Administración y Servicios no ha perdido su aliento, ni ha desmayado un solo minuto en esta larga carrera que dura ya cinco años. A todos y cada uno de ellos les agradezco su solidaridad, su comprensión y su esfuerzo. Cada vez que se han presentado los problemas, los hemos discutido y hemos intentado conjuntamente, dar la mejor solución a nuestro alcance, dando siempre un magnífico ejemplo de lo que se consigue con el diálogo permanente, y con el deseo de resolver los problemas y no de provocarlos ni de amplificarlos. Creo que Profesorado, Personal de Administración y Servicios, y Estudiantes, hemos dado durante cinco años un ejemplo de esfuerzo, solidaridad, y unidad, para conseguir un objetivo común: nuestra Universidad. Lo cual no impide que haya, sin duda, quienes piensen que lo hemos hecho mal. Están en su derecho, que debemos respetar, sin dejar que ello nos desanime, ni nos desaliente.

Así pues, hemos trabajado mucho y muy duro para alcanzar los objetivos que en su día nos encomendaron las Cortes Valencianas, al aprobar la Ley de Creación de la Universidad “Miguel Hernández” de Elche. Y hoy, al comenzar este curso, en el que hemos de culminar el período de creación de nuestra Universidad, la tarea resulta, para muchos de nosotros, más emocionante y atractiva, si cabe, que la de su puesta en marcha inicial. Ahora, cuando lo que fue un recién nacido tiene cinco años, comienza la aventura de su infancia, y el desafío de atender a su crecimiento y a su educación, para que sea el día de mañana “una universidad de provecho.”

Para esta nueva etapa necesitamos un esfuerzo añadido de la financiación pública mediante la ampliación del Plan de Inversiones, que garantice la construcción de las infraestructuras necesarias; y la mejora del Plan de Financiación, de manera que se garantice una financiación objetiva y suficiente, pero también diferenciada en función de las necesidades específicas de cada una de las universidades de la Comunidad, para ofrecer un servicio público que garantice la calidad, y que genere estímulos para los Profesores y al Personal.

Sin duda, al mismo tiempo que planteamos esas ineludibles exigencias, debemos comprometernos en la consecución de algunos objetivos imprescindibles:

Mejorar el flujo de estudiantes tanto a la entrada como a la salida; mejorar su preparación y su inserción laboral; reestructurar nuestro catálogo de titulaciones planificando la oferta de nuestros estudios para responder a las demandas sociales, estimulando la búsqueda de fórmulas que fomenten la colaboración y la coordinación de la oferta educativa con otras universidades; mejorar la oferta, normativa y gestión del doctorado, para aumentar el número de doctores; mejorar y potenciar la oferta de formación continua y de postgrado; consolidar y mejorar la actividad de I+D de nuestros Institutos, centros y grupos de investigación, y su coordinación, para situarnos y consolidarnos como una institución de excelencia en el campo de la investigación y la tecnología; aumentar las actividades de transferencias tecnológicas a empresas e instituciones, asegurándonos que esas nuestras actividades de I+D responden a las necesidades y demandas sociales, industriales y tecnológicas; aumentar y mejorar la implicación con la sociedad y las instituciones; consolidar, aumentar y mejorar la cooperación internacional para la investigación y el desarrollo tecnológico que asegure nuestro futuro en ese campo; mejorar progresivamente la estructura de la plantilla del personal docente e investigador, y la del Personal de Administración y Servicios, para adecuarlas a la consecución de los objetivos estratégicos de la Universidad, incorporando un Plan de Formación integral que estimule la innovación y el uso de las nuevas tecnologías; mejorar el sistema de planificación, evaluación y asignación de infraestructuras, equipamiento y recursos, mediante criterios de gestión de la calidad; mejorar e incentivar la captación de recursos económicos y materiales, para aumentar significativamente los ingreso por esa vía; y, finalmente, mantener un serio compromiso con la evaluación(tanto interna como externa) y con la rendición de cuentas, potenciando los sistemas de seguimiento de las actividades, y mejorando nuestra apuesta ya demostrada por la calidad.

A todo eso estamos dispuestos, porque creemos que sólo cumpliendo nuestros compromisos podremos reclamar de la administración pública y del resto de la sociedad, el apoyo que nuestra Universidad necesita

Yo aprovecho este momento para rogar a la Sra. Presidenta de las Cortes y al Sr. Director General de Enseñanzas Universitarias que trasladen al Gobierno Valenciano nuestra petición vehemente de que proceda a aprobar y publicar lo antes posible la normativa que nos permita celebrar las elecciones al claustro constituyente y a Rector a partir del día siguiente al que la Ley de Creación lo permite. Yo estoy seguro que también así estaremos dando satisfacción a la confianza que las Cortes depositaron en nosotros, y que podremos comenzar de inmediato a realizar ese proyecto renovado que ha de guiarnos durante los próximos cinco años.

Comenzará con ello, ha comenzado ya de hecho, otro momento de nuestra historia, y, en este punto, me gustaría dirigir a todos los miembros de nuestra Comunidad Universitaria las últimas reflexiones de este discurso.

Para los que compartimos el deseo de seguir mejorando desde el trabajo, el esfuerzo y la responsabilidad, mis palabras tal vez sean innecesarias. Para aquellos que continuamente intentan hacer ver sombras, dudas y fantasmas tal vez resulten insuficientes. Precisamente porque me parece algo tan deseable como obvio en una democracia adulta como la nuestra, no creo que sea necesario repetir incesantemente que la diversidad y la pluralidad son enriquecedoras. El ánimo con el que debemos emprender nuestro proceso constituyente tiene que ser integrador, de diálogo razonado y de crítica constructiva. Todas las opiniones, todas las ideas y todas las sugerencias, deben ser oídas y consideradas, sean las que sean y vengan de donde vengan.

Juan de Mairena, el personaje apócrifo de Antonio Machado, mediante el cual expresaba su propio pensamiento, dice en una de sus clases de Retórica: “En una república cristiana, democrática y liberal, conviene otorgar al demonio carta de naturaleza y de ciudadanía, obligarle a vivir dentro de la ley, prescribirle deberes a cambio de concederle sus derechos, sobre todo el derecho a la emisión del pensamiento. Que como tal Demonio nos hable, que ponga cátedra, señores. No os asustéis. El Demonio, a última hora, no tiene razón; pero tiene razones. Hay que escucharlas todas.”

Pero razones, no invectivas, ni engaños, ni coacciones. Sintámonos todos libres para ser libres, sin dejarnos influir por aquellos que son el alma de la alarma y del recelo.

Decía Miguel de Unamuno: “Me trae a mal traer (como español ante los españoles) la sobra de codicia unida a la falta de ambición”. Codicia es la sed de tener; ambición es el afán de hacer y de ser. Trabajemos todos juntos con ambición, pero sin codicia; trabajemos con humildad, es decir, con la conciencia permanente de los límites reales de lo que, en cada momento y en cada ocasión, podemos hacer; trabajemos con apertura de mente, es decir, con disposición de recibir, para hacerlo propio, todo cuanto de valioso ofrezca el mundo en que se vive; trabajemos con discernimiento, es decir, con la constante disposición para distinguir lo que realmente conviene y lo que no conviene.

Permitid que termine citando algunos versos del poema “Itaca” de Cavafis:

            “Si vas a emprender el viaje hacia Itaca, pide que tu camino sea largo, rico en experiencias y en conocimiento. Nunca temas al Cíclope o al airado Poseidón, no hallará tales seres en tu ruta si tu pensamiento es alto y limpia la emoción de tu espíritu y tu cuerpo. Ni al Cíclope ni al fiero Poseidón hallarás nunca, si no los llevas dentro de alma, si no es tu alma quien ante ti los pone.

“Itaca te regaló un hermoso viaje. Sin ella no habrías emprendido el camino. Mas ninguna otra cosa puede darte. Y si la encuentras pobre, no es que Itaca que haya engañado. Rico en saber y en vida, como has vuelto, seguro que ya sabes qué significan las Itacas.”

Y ahora, cuando hemos llegado a esta Itaca nuestra, debemos ser conscientes de que no basta, de que hemos de ir más lejos. Y cuando creamos que hemos llegado, tendremos todavía que encontrar nuevos caminos, para ir más lejos aún.” Porque, como escribió Antonio Machado, no está el mañana ni el ayer escrito

Por eso, todos los miembros de nuestra Comunidad Universitaria deberemos participar en este proceso de constitución que nos espera expresando nuestras opiniones, porque sólo conseguiremos llegar a buen puerto si todos nosotros trabajamos con voluntad de colaboración y diálogo, de crítica seria y constructiva, con voluntad de proponer y discutir alternativas que nos conduzcan a la universidad que todos deseamos.

Aportemos todos juntos nuestra colaboración solidaria y honesta en este importante proceso de la constitución de nuestra universidad; porque sólo con esa participación de todos y para todos, y sólo desde ella, la Universidad Miguel Hernández podrá seguir avanzando y creciendo en calidad y en identidad. Sólo así conseguiremos ser nosotros mismos.

Gracias.