Discurso Doctorando. Dr. D. Luis García Berlanga

 

Excelentísimo Señor Rector Magnífico

Ilustrísima Señora Subsecretaria de Cultura y Educación

Ilustrísimo Señor Director General de Universidades

Ilustrísimo Señor Secretario General

Señoras y Señores

Antes que nada debo confesarles mi desazón por ser una persona no afín a los actos solemnes, máxime siendo yo protagonista de dicho evento. Y si a esta inquietud le añado la obligación de leer un discurso, ruego comprendan y perdonen todos los signos de angustia y torpeza con que tendré el honor de obsequiarles y entenderán por qué antes de retirarme del abatido oficio, planteé rodar una serie para televisión con el guionista Rafael Azcona, con el único propósito de ironizar sobre las ceremonias. Recuerdo que obviamente, una de ellas se refería a un nombramiento de Doctor Honoris Causa y me parece recordar que una de sus peripecias estaba relacionada con el acto anatómico-forense de medir el contorno de cabeza y dedo anular… del asustado doctor en ciernes. Creo que también los flecos del birrete le impedían a mi protagonista leer el discurso, pequeña tragedia que este momento, afortunadamente, no existe, pero en todo caso les aseguro a ustedes que el sentirse recompensado por algo merece mi presencia y mi gratitud a parte de quizá poder añadir algún suceso divertido a mi proyecto, si, algún día volviese a decir “motor y corten” en algún rodaje.

Asegurada la emoción de recibir este Doctorado, sólo me resta explicar a ustedes las peripecias que pienso puedan haberles inducido al claustro de la Universidad a galardonarme con el Doctorado.

Siempre he sido un solitario, mejor dicho lo he intentado ser, pero esta sociedad, con todos sus mecanismos castradores, me lo ha impedido en la medida que yo lo hubiera deseado, pero al menos he logrado desde mi refugio libertario e individualista contar a mis contemporáneos mis vivencias, incluso íntimas, con mayor o menor fortuna.

Siempre he comparado el cine, y así nació, con una fábrica de juguetes, juguetes recreativos, que siempre me han fascinado, pero no por ello deja de ser un producto industrial, con su marca registrada que garantiza que este objeto industrial puesto a la venta cumple los requisitos exigidos, fundamentalmente contar un cuento, a ser posible divertido, a nuestros contemporáneos.

Mi extensa vinculación a Alicante se inicia en un veraneo adolescente en Altea, y termina en Aguamarga donde desemboca mi pasión por el cine.

Pues bien, con esa base industrial que os hablaba, he luchado durante muchos años, por la creación de un entramado que le permitiera al cine ser libre e independiente de toda censura que conlleva las subvenciones y el paternalismo estatal.

Parece que con la inminente inauguración del cercano proyecto de Ciudad de la Luz, se va a poder cumplir uno de las axiomas que más veces he proclamado, y que hoy os repito, que el cine es industria, sin ser escuchado con demasiada atención.

Dentro de este ambicioso proyecto, he conseguido uno de los deseos para mí más queridos. Unir en un solo espacio la Industria y la Enseñanza, que como sabéis la Generalitat, la Ciudad de la Luz y la Universidad Miguel Hernández hemos firmado esta misma mañana un Convenio de colaboración, para que dichas entidades se beneficien mutuamente de su colaboración y que por una vez la enseñanza no responda a principios teóricos, sino a unas necesidades técnicas transmitidas de primera mano.

He luchado, tal vez con más tesón, por toda la parte educativa del proyecto que por la tecnológica. Esta última, todo el mundo la aceptaba mientras que la de la enseñanza, me ha obligado a tener que dar más de un coscorrón a alguno de mis cercanos colaboradores por no dar la importancia que yo consideraba a la faceta educativa del proyecto.

Pero hoy afortunadamente, la formación es una parte más del complejo, con su propio espacio conquistado con la lógica de la razón, y un valor añadido distinguido por todos los analistas que han estudiado el proyecto.

La tutela que nos ejerce la Miguel Hernández en todo este proceso es imprescindible e impagable, estamos todos seguros que con su buenhacer esta prestigiosa Universidad será de una ayuda inestimable para llevar a buen puerto este gran conjunto que es Ciudad de la Luz.

Yo personalmente, me comprometo, con las escasas fuerzas que me restan, a poner todo mi empeño en el buen fin de este sueño, que tantos años me ha acompañado y que a partir de hoy compartiré con esta espléndida y consolidada Universidad, a la que agradezco profundamente esta importante distinción que ha tenido a bien otorgarme y que yo humilde y honrosamente acepto encantado.

Muchas gracias