Discurso del Rector, D. Jesús Rodríguez Marín

Elche 26 de febrero de 2007.

Excmo. Sr. D. Sean Scully.

Excmas. E Ilmas. Autoridades.

Queridos compañeros de la comunidad universitaria.

Señoras y Señores.

       Debo empezar estas palabras expresando la gran satisfacción de esta Universidad Miguel Hernández, la de todo el Consejo de Gobierno, la del Consejo de Dirección, y la mía propia, por la celebración del nombramiento de Sean Scully, como Doctor Honoris Causa. Bienvenido a nuestro claustro, que se enriquece con un miembro más de su categoría, al tiempo que mantiene el altísimo nivel de quienes hasta hoy han recibido ese honor.

       En estos diez años, nuestra Universidad ha crecido en todos sus aspectos: en el número de enseñanzas, en el de departamentos, en el de centros de investigación, y especialmente en proyectos de investigación, y un largo etc. Hemos progresado y hemos conseguido un prestigio ganado con nuestro propio esfuerzo. Ha costado, sin duda, mucho, porque ese crecimiento y ese progreso, han exigido y exigen una voluntad en la dedicación profesional superior al que puede ser habitual en otros ámbitos de la actividad humana. Probablemente la grandeza de nuestra tarea radica justamente en la exigencia que supone llevarla a término en un contexto que, en cualquier caso, en la mayoría de los casos, no aporta los medios deseables. ¿Quién sabe si el destino de la formación y de la investigación es que hayan de convertir sistemáticamente en incentivos las deficiencias y carencias en que se han de desarrollar?

       Creo podemos sentirnos razonablemente satisfechos de la tarea que durante estos diez años hemos llevado a cabo. No tanto como para que, dominados por un conformismo injustificable, perdamos la capacidad de autocrítica que nos ha de conducir a la mejora constante, que nunca nos satisfará, en todo lo que tenemos la obligación de hacer. Pero hemos de valorar adecuadamente el camino recorrido, para que con una autoestima equilibrada podamos continuar trabajando sin complejos.

Con la ceremonia que hoy celebramos, la UMH completa el ciclo de sus Doctorados Honoris Causa para el Curso 2006-2007. Y lo hace invitando a incorporarse a su Claustro a un hombre, el señor Sean Scully que participa de muchas de las especiales cualidades que adornaban de modo particular a los Doctores Honoris Causa que le han precedido, y que fueron el motivo de su selección para tal nombramiento: La excelencia y el espíritu de dedicación a la investigación científica, la proyección e impacto en la sociedad de su tiempo, la calidad y gloría artísticas. De cada una de esas facetas ha ido participando de modo excepcional Sean Scully a lo largo de su fecunda vida, pues como artista integral que es, en el más enaltecedor sentido renacentista del término, nada de lo que ha ido ocurriendo en su tiempo le ha sido ajeno. En su obra puede verse una concepción expandida de las conexiones y permeabilidad establecidas entre arte y vida, basada en la abierta interrelacionalidad de todas las actividades humanas, así como en el eficaz diálogo axiológico, propiciado en dicho conjunto.

       Hoy ganamos un amigo más, y muy ilustre. Hoy se convierte en miembro de nuestra comunidad  Mister Sean Scully. Con ello nuestra institución se enriquece, porque el Dr. Scully nos aporta las importantísimas aportaciones que ha realizado al mundo de la cultura en el mundo.

       La Universidad practica en sesiones como ésta la incentivación a la interdisciplinariedad, que responde a la creencia de la interdependencia de los conocimientos, que convergen en el saber con mayúsculas.

       La investidura de un doctor Honoris Causa supone siempre una ganancia para la universidad que otorga el grado superior que la que recibe la persona distinguida. Esa consideración ha de ser un parámetro, sino suficiente, sin duda necesario, que asegure que honramos con rigor. En este caso, esa regla se aplica absolutamente. El Doctor Sean Scully enaltece esta casa con su prestigio que le ha hecho merecedor del reconocimiento internacional.

       Además, el caso de Sean Scully es un acontecimiento singular. Entre los Doctores Honoris Causa de nuestra Universidad tenemos académicos y científicos ilustres, e ilustres hombres de empresa, o servidores públicos, pero sólo algunos nombres de las Artes (José Carreras, Luis García Berlanga, y Manuel Valdés), y ahora nos enriquecemos con un nombre ilustre en el mundo de las bellas artes, con una impresionante curriculum de éxitos y distinciones.

       No voy a repetir el magnífico elogio que tan felizmente ha realizado la Profesora Pilar Escanero, pero sí quiero aprovechar la ocasión y tomar el ejemplo de Mr. Scully para reflexionar sobre la Universidad una vez más, y subrayar la importancia de la relación entre la universidad y el mundo del arte.

Profesor universitario e internacionalmente respetado en el campo de las Bellas Artes, ha sido pionero y ha sabido incorporar nuevos aspectos y facetas que han ampliado y enriquecido su campo de acción, tanto desde un punto de vista conceptual como docente e investigador. No hace falte, tampoco que subraye la importancia social de la dedicación profesional en su especialidad, sin es que así llamársele puede. El Doctor Scully es un ejemplo de la constancia que no desfallece, porque cree en la fuerza del conocimiento y en que los resultados finales del trabajo que se hace con el rigor de la calidad y de la excelencia.

Hombre comprometido siempre con la sociedad de su tiempo, Scully no ha rehuido en ningún momento enfrentarse a las contradicciones de ese tiempo, tomando postura y esculpiendo su inteligencia y personalidad en la polémica que inevitablemente acompaña a la adopción de posiciones artísticas controvertidas, hasta que su lucidez y madurez profunda, le han llevado hasta la privilegiada posición que ocupa hoy en el mundo intelectual y artística.

Una figura de tales características se convierte, al margen del deseo de evitarlo a que pueda impulsarle su modestia personal, en un símbolo a respetar e imitar por quienes le rodean.

       Su espíritu libre, abierto a los nuevos tiempos, exigente, es el que pretende inspirar a esta nueva Universidad. Y por ello, al recibir en ella como Docor Honoris Causa a D. Sean Scully, intentamos hacer llegar a la sociedad que nos apoya y justifica, el mensaje de que los principios en los que nos sustentamos, son los que han caracterizado la obra de Sean Scully. Y también por eso, nos congratulamos hoy al recibirle en nuestro Claustro y le pedimos que como miembro del mismo, ayude a orientar la marcha de esta Universidad en el camino más certero.

       Desde el afecto y la admiración que le profeso, y en nombre de todos mis compañeros, sea bienvenido, pues, Don Sean Scully, a nuestra Universidad “Miguel Hernández” de Elche que, desde hoy, es también la suya.

       No dudo que será usted un ejemplo máximo para todos los miembros de nuestra comunidad universitaria. Reciba nuestro reconocimiento y nuestra gratitud por su dedicación al arte, que han contribuido, contribuyen y contribuirán a mejorar la sociedad.

       Al reiterarle mi enhorabuena y mi bienvenida a nuestra Universidad Miguel Hernández, que a partir de hoy es también la suya, quiero pedirle que nos ayude en la tarea de conseguir la excelencia, en la que estamos empeñados.

       Muchas gracias.