Un trabajo de la UMH demuestra que los cambios de uso del suelo son la principal causa del deterioro del mar Menor

El Trabajo de Fin de Grado (TFG) de la estudiante de Ciencias Ambientales de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche Gema Santos demuestra cómo los cambios debidos al crecimiento urbano y agrícola en el entorno del mar Menor han propiciado el deterioro de la calidad de sus aguas. La estudiante Gema Santos ha realizado este TFG bajo la dirección de los profesores de Ciencias Ambientales de la UMH José Navarro e Ignacio Meléndez.

La alumna de la UMH ha estudiado estos cambios del suelo mediante el uso de sistemas de información geográfica y datos satelitales, hecho que determina que la intensificación de la agricultura es la principal fuente de contaminación de la zona. Asimismo, el empeoramiento de la calidad de las aguas del Mar Menor, los problemas de eutrofización y las explosiones biológicas pueden deberse principalmente a los cambios en el uso del suelo. Los más relevantes están asociados a la agricultura y el sellado del suelo por ocupación de terrenos por áreas urbanas e infraestructuras.

Además, en este trabajo se ha observado que el total de la superficie agrícola ha disminuido ligeramente en la actualidad con respecto al existente en 1986. Esta superficie ha pasado de ocupar 69.664 a 61.796 hectáreas de la cuenca hidrográfica del Mar Menor, que comprende el campo de Cartagena y una pequeña porción del sur de la provincia de Alicante. Además, se ha disminuido el tamaño medio del polígono de explotación agrícola de 16,97 a 12,50 hectáreas.

Por otro lado, la superficie urbana ha aumentado considerablemente, ya que ha pasado de 2.492 a 8.622 hectáreas. Este incremento de la superficie artificial se asocia a la ocupación de los espacios rurales próximos a los pequeños núcleos tradicionales y a la zona costera. A pesar de la aparente reducción de la superficie agrícola, se detecta un cambio en el sistema de cultivo, ha pasado de un predominio de cultivos extensivos a una agricultura intensificada de regadío, que se manifiesta por el espectacular incremento de los embalses de riego. En 2016, se han contabilizado un total de 3.685 embalses frente a los 935 existentes anteriormente, lo que supone un incremento del 300%. Al mismo tiempo, se observa una mayor presencia de invernaderos.

Estos datos revelan que, por un lado, el aumento de escorrentías asociadas al sellado de suelos (asfalto y cemento) de las superficies urbanas puede acabar a través de las ramblas y cauces en el mar Menor. Por otro lado, avalan el cambio del modelo de cultivo, que pasa a una agricultura con mayor gasto de agua y a la necesidad de un aporte de fertilizantes para mantener una producción intensiva. Todo ello, implica un aumento de residuos en los sobrantes de riegos, que afectan a los acuíferos y llegan al mar Menor, lo que causa procesos de degradación en la laguna costera más importante del Mediterráneo occidental y uno de los espacios naturales de mayor valor ecológico.