Los invertebrados convierten las grandes mortalidades de peces en un recurso para los vertebrados terrestres, según un estudio de la UMH

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3 septiembre 2026

Un estudio liderado por la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH) revela que los invertebrados actúan como intermediarios en la transferencia de energía desde los peces muertos hacia las aves y otros vertebrados del entorno. La investigación, publicada en la revista Freshwater Biology, se ha llevado a cabo en el Parque Natural de El Hondo (Alicante) y muestra que la energía contenida en los peces muertos no llega a los vertebrados terrestres únicamente mediante el consumo directo de las carroñas, sino que una parte importante se transfiere a través de los invertebrados que colonizan los cadáveres y que, posteriormente, son consumidos por aves y otros vertebrados.

El estudio está liderado por la investigadora del Centro de Investigación e Innovación Agroalimentaria y Agroambiental (CIAGRO) de la UMH Tatiana Pessano Serrat y José Antonio Sánchez Zapata, y en el mismo participan los investigadores de la Universidad de Alicante Esther Sebastián González y Adrián Orihuela Torres, quien también pertenece a la Estación Biológica de Doñana (EBD)-CSIC. La investigación cuenta con financiación de la Agencia Estatal de Investigación española (RYC2019-027216-I y CNS2023-144791).

El artículo analiza novedosamente de forma conjunta las comunidades de vertebrados e invertebrados asociadas a grandes acumulaciones de peces muertos y sus cambios a lo largo del proceso de descomposición. El estudio se ha llevado a cabo en el marco de las mortandades de carpa común (Cyprinus carpio) que se producen en El Hondo durante determinadas actuaciones de gestión de esta especie invasora.

Las mortandades masivas de animales generan enormes cantidades de biomasa en poco tiempo. Estos episodios pueden producirse por fenómenos como sequías, temperaturas extremas o falta de oxígeno y están adquiriendo una creciente relevancia en un contexto de cambio global. Sin embargo, mientras que numerosos estudios han analizado qué ocurre alrededor de un cadáver individual, todavía se conoce mucho menos sobre cómo responden las comunidades de animales cuando se concentran grandes cantidades de carroña en un mismo lugar. Para estudiar este fenómeno, el equipo científico monitorizó 20 acumulaciones de carpas, con una biomasa media de aproximadamente 110 kilos por acumulación, durante 35 días. Los investigadores utilizaron cámaras trampa para registrar la actividad de los vertebrados y realizaron muestreos periódicos de los invertebrados presentes sobre los cadáveres. En total, identificaron 35 taxones de vertebrados y 20 grupos de invertebrados asociados a estas acumulaciones.

Uno de los principales resultados del estudio es que la mayoría de los vertebrados registrados no se alimentaron directamente de los peces. El 60 % de los taxones de vertebrados se alimentó exclusivamente de los invertebrados asociados a las carroñas, mientras que solo un 11,4 % consumió exclusivamente los peces muertos. Otro 28,6 % combinó ambos tipos de alimentación. Entre las especies que aprovecharon los invertebrados destacaron numerosos pequeños paseriformes insectívoros, además de otras aves y algunos mamíferos. En paralelo, los cadáveres de carpa fueron colonizados por una gran cantidad de invertebrados. Los investigadores estimaron más de 200.000 individuos en el conjunto de las acumulaciones estudiadas. Las larvas de dípteros fueron el grupo más abundante, seguidas de las larvas de derméstidos.

La investigación, también, muestra que la importancia de los diferentes consumidores cambia a medida que los cadáveres se descomponen. Los vertebrados que consumían directamente los peces tendieron a ser más abundantes durante las primeras fases, mientras que los que se alimentaban de los invertebrados presentes en los cadáveres aumentaron con el tiempo. Este patrón coincidió con los cambios en la comunidad de invertebrados, cuya abundancia aumentó inicialmente y, posteriormente, disminuyó a medida que avanzó la descomposición.

Según han señalado los investigadores, “los resultados muestran que una gran acumulación de peces muertos no es simplemente un recurso para los animales que comen carroña. Estos cadáveres generan una comunidad de invertebrados asociada que, a su vez, se convierte en alimento para otros vertebrados”. De este modo, los invertebrados pueden actuar como un intermediario entre los ecosistemas acuáticos y terrestres, facilitando que parte de la energía procedente de los peces muertos llegue a animales que viven y se alimentan en tierra. El estudio plantea, así, que las grandes mortandades de peces pueden funcionar como puntos calientes de actividad trófica en los humedales, con interacciones entre distintos grupos de organismos y diferentes niveles de la cadena alimentaria.

La importancia de este fenómeno puede ser especialmente relevante a medida que aumentan los episodios de mortalidad masiva asociados al cambio global. Los investigadores señalan que comprender cómo se incorporan estos grandes pulsos de biomasa a las redes tróficas permitirá conocer mejor sus posibles consecuencias sobre la estructura de las comunidades, la biodiversidad y el funcionamiento de los ecosistemas.