El tamaño, el aleteo y las corrientes de aire determinan cuánto cuesta volar a los animales silvestres, según un estudio en el que participa la UMH
16 octubre 2026
El mayor estudio sobre los costes del vuelo en la naturaleza revela que aprovechar el aire puede hacer que volar sea más eficiente que nadar, lo que derriba los paradigmas existentes sobre el coste energético del movimiento animal. El macroestudio internacional, en el que participa la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), revisa las estimaciones obtenidas en laboratorio sobre el vuelo de 50 especies de aves y murciélagos y muestra cómo el tamaño, el vuelo batido y las corrientes de aire determinan el gasto energético en libertad. El trabajo, publicado en la revista Science, demuestra que, gracias a la atmósfera, volar puede ser la forma de viajar más ‘barata’ para los animales.
“Las aves silvestres reescriben las reglas del viaje”, comenta el catedrático de Ecología e investigador del Instituto Universitario de Investigación e Innovación Agroalimentaria y Agroambiental (CIAGRO-UMH) José Antonio Sánchez Zapata, firmante del estudio. El experto explica que, si bien un cóndor andino y un cisne pesan más o menos lo mismo —alrededor de 11 kilogramos en promedio—, el cóndor gasta aproximadamente una quinta parte de la energía que el cisne para recorrer cada kilómetro de vuelo.
La diferencia está en el aire: el cóndor aprovecha las corrientes térmicas ascendentes y aletea apenas el 0,1% de su tiempo de vuelo, mientras que el cisne aletea el 99%. “Para nosotros, el cielo puede parecer simplemente el fondo donde se mueven los animales voladores, pero es un recurso esencial que puede cambiar drásticamente el coste de un viaje”, explica la investigadora del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal (Alemania) Martina Scacco, primera firmante del estudio.
“Las reglas de laboratorio nos dicen que los cóndores y los cisnes deberían tener el mismo gasto energético porque tienen la misma masa corporal. Sin embargo, al ver cómo planean los cóndores y cómo aletean los cisnes, intuíamos que debía haber una diferencia. Si no, ¿por qué han evolucionado de forma diferente ambas especies?”, señala la investigadora de la Universidad de Swansea (Reino Unido), Emily Shepard, autora principal. El estudio le puso un ‘precio’ a esa diferencia y determinó que el coste energético del transporte para un cóndor fue un 79% menor que para un cisne y que el vuelo planeado resultó más ‘barato’ que nadar.
“Cuando los animales voladores tienen acceso a las corrientes atmosféricas, cuentan con ‘combustible gratis’ que les da el cielo. Este estudio expone los errores que cometemos cuando ignoramos las condiciones del mundo real a las que los animales responden desde hace milenios”, agrega Shepard.
Es el mayor estudio realizado para examinar el coste energético de los viajes de larga distancia en animales silvestres, según valoran los investigadores. Combina 17 años de datos de seguimiento de 850 aves y murciélagos correspondientes a 38 especies. Los animales estudiados varían de tamaño, desde unos 12 gramos hasta más de 11 kilos. La ciencia española estuvo representada aportando datos de vuelo de buitres y cigüeñas, gracias a la UMH, la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) y la Universidad de Granada (UGR).
Además, es el primer estudio en considerar el papel de la atmósfera en el desplazamiento a escala global de numerosas especies silvestres y, al mismo tiempo, ofrece una clave fundamental para la conservación y el manejo de las especies aéreas. “Al cambiar las condiciones atmosféricas, cambia el coste energético del vuelo de los animales y esto afecta a cuestiones fundamentales como las rutas migratorias o las áreas de campeo”, indica el investigador de la UGR Eneko Arrondo. Los hallazgos ofrecen un nuevo marco para predecir el coste energético del vuelo y cómo los cambios climáticos podrían afectar dónde y cuándo viajarán los animales en el futuro.
El equipo usó acelerómetros para distinguir el aleteo (que tiene un alto costo energético) del planeo (de bajo costo). Con los datos del Sistema de Posicionamiento Global (GPS, por sus siglas en inglés), asociaron cada tramo del vuelo con el viento y las corrientes ascendentes de aire que los animales encontraron en el trayecto. Esto les permitió calcular el tiempo que cada animal pasó aleteando o planeando a lo largo de un tramo de vuelo y, así, estimar cuánta energía gastaron por metro recorrido, es decir, su coste de transporte. “Esta metodología nos ha permitido ‘simplificar’ la naturaleza y comparar los costes energéticos de los desplazamientos animales, igual que comparamos cuánto cuesta un viaje en tren, en avión o en coche”, añade el investigador de la UMH José Antonio Sánchez Zapata.
De hecho, al compararlas, las 50 especies se dividieron en dos grupos principales: las planeadoras y las aleteadoras. Entre las aves planeadoras, el tamaño tuvo un efecto muy marcado en el coste de transporte: cuanto más pesada era el ave planeadora, menos aleteaba y, por lo tanto, menor era su coste de transporte.
“Este estudio es una continuación de varias investigaciones previas que veníamos realizando sobre el coste del vuelo en aves de todo el mundo. En el caso del equipo español, hemos aportado información de más de una década de seguimientos de decenas de buitres leonados (Gyps fulvus) y cigüeñas blancas (Ciconia ciconia), las principales aves planeadoras de la península Ibérica”, comentan Ainara Cortés Avizanda, Julio Blas y José Antonio Donázar, coautores de la EBD.
Los buitres planeadores ofrecen un ejemplo clarísimo. Las siete especies analizadas volaron un total combinado de 128.000 días y más de 4,3 millones de kilómetros, lo que equivale a dar la vuelta al planeta más de 100 veces. Sorprendentemente, lo lograron aleteando solo entre el 0,1% y el 7% del tiempo de vuelo. Y el buitre más pesado, el cóndor andino, fue el que menos aleteó de todos.
Lo consiguieron aprovechando la energía atmosférica. Las aves planeadoras usaron columnas de aire ascendente, lo que redujo al máximo su coste de transporte. “Como si nos subiéramos a un ascensor para llegar al piso más alto”, explica Shepard. “Las planeadoras son expertas en extraer así la energía del entorno; cuando las condiciones son las adecuadas, pueden reducir sus costes a niveles mínimos”, aclara la investigadora. Según los investigadores, todo tiene sus pros y sus contras. Cuanto más grande era el ave planeadora, más limitada estaba respecto a cuándo y dónde podía volar.
Por otro lado, las aves que dependen del aleteo usan un movimiento de coste energético para lidiar con condiciones más variables. El viento fue el factor que más influyó en sus costes de transporte: los vientos de cola les daban apoyo, mientras que los vientos de frente presentaban resistencia.
El trabajo ha contado con financiación europea, nacional e internacional, además del apoyo de universidades, centros de investigación, organismos públicos y fundaciones vinculadas a la conservación de la naturaleza y el estudio de la fauna en distintos países.
Publicación:
Martina Scacco et al. (2026) Airflows redefine the cost of aerial transport in the wild. Science. https://doi.org/10.1126/science.aee6550
Pie de foto 1: Cisnes trompeteros en Minnesota, USA (Foto: Brett Blocker).
Pie de foto 2: Cóndor andino adulto en Patagonia (Foto: Gonzalo Ignazi).
